
La administración de Donald Trump defendió su decisión de declarar a ciudades gobernadas por demócratas, como Chicago, como “zona de guerra”, permitiendo el despliegue de 300 soldados de la Guardia Nacional. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, aseguró que la medida busca controlar la violencia urbana, mientras que autoridades locales, incluido el gobernador J.B. Pritzker, la calificaron de innecesaria y motivada por intereses políticos.
La controversia aumentó luego de que Trump afirmara que Estados Unidos enfrenta una “invasión desde dentro” y respaldara declarar a Washington D.C. como una “zona de guerra literal”. Encuestas recientes muestran que el 58 % de los estadounidenses se opone al despliegue de tropas en ciudades, reflejando un amplio debate sobre la militarización de zonas urbanas y la seguridad pública.
Organizaciones civiles y expertos en derechos humanos han advertido sobre posibles tensiones y enfrentamientos en las comunidades afectadas. Analistas señalan que la medida también responde a una estrategia política de mano dura en ciudades con fuerte apoyo demócrata, lo que podría tener implicaciones electorales y afectar la percepción internacional sobre la política de seguridad de Estados Unidos.
