El archipiélago de Tuvalu, una nación insular del Océano Pacífico, se enfrenta a una de las amenazas más claras y presentes del cambio climático: la subida del nivel del mar. Con una altitud máxima de apenas 4.5 metros, sus nueve islas de coral son extremadamente vulnerables. Proyecciones científicas, incluidas las de la NASA, indican que gran parte de su infraestructura crítica podría quedar por debajo del nivel de la marea alta hacia el año 2050, y se prevé que el país experimente más de 100 días de inundaciones anuales a finales de siglo. Ante esta amenaza existencial, Tuvalu ha puesto en marcha una estrategia de resiliencia multidimensional que combina la adaptación física, la migración planificada y un proyecto pionero de preservación digital.

El gobierno tuvaluano, a través de su iniciativa Future Now (Te Ataeao Nei), está ejecutando proyectos de adaptación costera a gran escala. Con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo Verde para el Clima, el Tuvalu Coastal Adaptation Project (TCAP) está protegiendo miles de metros de línea costera vulnerable en varias islas. Estos trabajos incluyen la construcción de estructuras de protección y la recuperación de tierras para crear espacio elevado y seguro para viviendas e infraestructuras esenciales.

En paralelo, y reconociendo que parte de su población podría tener que desplazarse, Tuvalu firmó un tratado histórico con Australia en 2023. El Falepili Union Treaty establece un camino para la migración digna, permitiendo que hasta 280 tuvaluanos por año se trasladen a Australia con acceso a residencia, trabajo, estudio y un camino hacia la ciudadanía. Este acuerdo, único en el mundo, ya ha recibido solicitudes de una parte significativa de la población.

Sin embargo, la acción más innovadora y simbólica de Tuvalu es su proyecto para convertirse en una nación digital. Anunciado en la COP27 por el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Simon Kofe, este plan contempla la creación de un “gemelo digital” completo del país dentro del metaverso. El objetivo es triple: preservar el territorio, la cultura y la soberanía nacional.

El proyecto, conocido como Digital Nation, implica escanear en 3D las islas y archivar digitalmente objetos culturales, historias y tradiciones para las generaciones futuras. Pero va más allá de la preservación cultural; es una respuesta pragmática a un vacío en el derecho internacional, que exige un territorio físico definido para reconocer la condición de Estado. Tuvalu busca que su réplica virtual y sus sistemas de gobierno en línea permitan al Estado seguir funcionando como una entidad soberana, incluso si el territorio físico se vuelve inhabitable. Esta nueva definición de estado, basada en la cultura, el pueblo y la identidad, ya ha sido incorporada a su constitución y reconocida por más de 25 países.

Un hito crucial para esta transformación fue la activación, en octubre de 2025, del cable submarino Tuvalu Vaka Cable. Financiado por varios socios internacionales, este cable proporciona la conectividad de alta velocidad y banda ancha necesaria para hacer realidad los servicios de gobierno electrónico, el archivo cultural digital y la interacción con el gemelo digital.

Aunque el proyecto de la nación digital ha generado debate internacional y cierto escepticismo, incluso dentro de Tuvalu, sus líderes insisten en que no es una rendición, sino una preparación para el peor de los escenarios. Subrayan que la prioridad absoluta sigue siendo la acción climática global para salvar las islas físicas. Como señaló la activista climática tuvaluana Grace Malie en la ONU, su pueblo “no se adentrará silenciosamente en el mar”, sino que continuará luchando por su tierra y su futuro. La estrategia de Tuvalu representa así un llamado urgente a la acción global y un modelo de resiliencia audaz para el siglo XXI.