La epilepsia, uno de los trastornos neurológicos más frecuentes a nivel global, afecta a aproximadamente 50 millones de personas en el mundo. De esta cifra, 5 millones viven en el continente americano, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Con motivo del Día Internacional de la Epilepsia, que se conmemora el segundo lunes de febrero, se busca sensibilizar a la población, erradicar mitos y visibilizar los desafíos que enfrentan los pacientes.

Este padecimiento se caracteriza por una alteración en la actividad eléctrica del cerebro, lo que puede manifestarse de diversas formas. Las crisis pueden ir desde episodios breves de desconexión del entorno —ausencias— hasta movimientos involuntarios de extremidades o convulsiones tónico-clónicas con pérdida del conocimiento. En México, se estima que la condición impacta a entre 10 y 20 millones de personas, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez.

A pesar de que hasta un 70% de las personas con epilepsia podrían llevar una vida sin crisis si tuvieran acceso a un diagnóstico preciso y tratamiento adecuado, la realidad en la región presenta serias carencias. La OPS reporta que, aunque el 62% de los países de las Américas cuentan con al menos un medicamento anticonvulsivo esencial en su sistema de salud, este suele estar disponible principalmente en hospitales generales o de alta especialización, no en el primer nivel de atención. Se estima que cerca del 50% de los pacientes no tiene acceso continuo a la atención médica que requiere, y dos tercios de los países carecen de un programa nacional específico para el manejo integral de la epilepsia.

Más allá de los desafíos clínicos y de acceso, el estigma y la discriminación constituyen barreras fundamentales que vulneran los derechos humanos y la calidad de vida de las personas con epilepsia. Tanto la OMS como la OPS han subrayado que, en muchos casos, el impacto social y psicológico derivado del rechazo, la exclusión y los conceptos erróneos sobre la enfermedad puede ser más negativo que las propias crisis epilépticas.

Ante este panorama, la OMS puso en marcha el Plan de Acción Mundial Intersectorial sobre la Epilepsia y Otros Trastornos Neurológicos 2022-2031, con el compromiso de los Estados miembros de mejorar el acceso a la atención y la calidad de vida de los pacientes. La iniciativa hace un llamado a integrar la atención de la epilepsia en los sistemas de salud primaria, garantizar la disponibilidad de medicamentos y, crucialmente, promover políticas y campañas educativas que combatan la discriminación.

La conmemoración de este día sirve como recordatorio de que la epilepsia es un problema de salud pública que requiere un enfoque dual: el fortalecimiento de los sistemas de salud para garantizar el acceso a tratamientos y el impulso de acciones sociales firmes para fomentar la comprensión, el apoyo y la plena inclusión de las personas que viven con esta condición.