Si esta semana sentiste que las noticias financieras hablaban otro idioma, no eres tú, es el mercado. Que si el barril sube, que si baja, que si Trump firmó no sé qué… A veces parece que necesitamos un doctorado para entender si esto nos va a pegar en la quincena. Pero tranquilos, aquí se los explico “con peras y manzanas”.
Imagínense que el mercado petrolero mundial es una fiesta enorme. Durante mucho tiempo, Estados Unidos (el anfitrión) no dejaba entrar a Venezuela porque se caían mal. Pero resulta que esta semana, el gobierno de EE. UU. dijo: “Bueno, ya pásale, pero solo si traes tus barriles de petróleo”.
Al permitir que Venezuela vuelva a venderle petróleo al vecino del norte, pasa algo básico de oferta y demanda: hay más petróleo en la mesa.
Piensa en los aguacates. Cuando no es temporada, están carísimos. Pero cuando hay aguacates hasta por debajo de las piedras, el precio baja. Lo mismo pasó esta semana con el “oro negro”: al haber más oferta (gracias a los barriles venezolanos), el precio internacional se fue para abajo.
Aquí es donde la cosa se pone interesante para nosotros los mexicanos, y es una noticia de “dulce y agraz”.
México, a través de Pemex, vende petróleo al mundo (la famosa Mezcla Mexicana). Si el precio internacional baja, a nosotros nos pagan menos por cada barril. Es como si fueras comerciante y de repente tu mercancía vale 10% menos que la semana pasada. Eso significa menos dinero entrando a las arcas del gobierno.
Seguro estás pensando: “¡Ah! Si el petróleo es más barato, ¿mañana baja la gasolina en la esquina, no?”. Lamento romper tu corazón, pero no es tan directo. En México, el precio de la gasolina tiene un “colchón” fiscal (el famoso IEPS). Cuando el petróleo baja mucho, el gobierno suele ajustar los impuestos para mantener el precio estable y recaudar lo que se pierde por otro lado. Así que, probablemente, no veas un “ofertón” en la gasolinera, pero tampoco un “gasolinazo” repentino.
Lo que estamos viendo es un juego de ajedrez gigante. Estados Unidos quiere petróleo barato para controlar su inflación, y eso mueve todo el tablero.
Para ti y para mí, esto significa estabilidad momentánea. No corras a comprar dólares, ni tampoco te confíes. Simplemente, ten en cuenta que cuando los gigantes del norte mueven sus fichas, a nosotros siempre nos toca sentir un poquito el temblor.
Por lo pronto, respira: la economía mexicana sigue fuerte y el dólar se mantiene tranquilo. Así que, a seguirle dando, que la cuesta de enero no se sube sola.